9 oct, 2010

pintar flores con el cerebro

Hoy he recibido mi primera clase de pintura china con el maestro Li en la trastienda de un supermercado de productos orientales.

Frente a una mesa cubierta de fieltro negro y rodeado de pinceles, cacillos y montañas de papel de arroz, el maestro me ha ido explicando, más con dibujos que con palabras, los principios de su técnica.

La pintura china exige tomar todas las decisiones del dibujo mucho antes de poner en contacto la tinta con el papel. “Pintura china no pinta con vista, pinta con cerebro”. Para el maestro Li lo primero es “dibujar la flor en tu cabeza” y una vez dibujada allí “pensar, pensar, pensar” la manera de realizarla para que se parezca a la del papel; seleccionar cuidadosamente el primer color que se va a usar, mojar el pincel con la cantidad de color adecuada, aclarar la punta con agua para dejar espacio al segundo color (en la pintura china, los colores se mezclan en el mismo trazo) elegir el segundo color, la intensidad de éste, finalmente la posición del pincel sobre el papel y ya por último, en un breve gesto, mínimo en proporción con el resto del proceso, el trazo fugaz del pincel, tan leve.

Al menos en esta primera clase el abismo entre la flor de mi cabeza y la del papel me resultó insondable y una recuerda ese final de aquella película de Pasolini “por qué crear obras de arte cuando resulta tan hermoso sólo soñarlas”… Y a la vez me di cuenta de que mi dificultad mayor no era la torpeza con una herramienta y una técnica nuevas, sino mi incapacidad para dibujar en mi cabeza una flor concreta.

Pero observando la habilidad del maestro, que sólo con mirar mi pincel, la postura de mi mano y la cantidad de tinta que rezuma, ya sabe exactamente qué forma de caña de bambú dibujaré, me pregunto si llegará el día en que él no necesite el dibujo final sobre el papel, como un experto matemático que resuelve sus ecuaciones sin pizarra…

Cuando tenga un poco más de confianza con el maestro Li, que no sé si las barreras culturales e idiomáticas me permitan, le preguntaré si él sería capaz de dibujar la flor de su cabeza sin papel, o mejor, sin mirada. Si seguiría dibujando las flores de su cabeza sin ojos para asegurarlas.

O si algún día, cansado de la perfección de su técnica, se limitará sólo a soñarlas.

Deja una respuesta

Mensaje:

Categorías